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El informe

La crisis
Estamos ante un escenario lleno de contradicciones y complejidad; una especie de tormenta perfecta en la que confluyen profundas alteraciones, socioeconómicas y ecológicas, en un mismo espacio y tiempo. Además de la inexorable corrección de un ciclo de voracidad inmobiliaria y desregulación financiera, plagado de excesos especulativos, sino que, además, el crujir de los mercados mundiales relacionados con ciertos recursos y materias primas, y la intensa alteración de los ciclos ecológicos apuntan a un desbordamiento sistémico de los límites vitales de la biosfera, con profunda incidencia en las condiciones de vida de amplios sectores de la población mundial.

Las causas
Una de las causas fundamentales de la crisis radica en que no hemos sabido afrontar el conflicto básico entre la finitud de la biosfera y unos modelos socioeconómicos en expansión continua, profundamente ineficientes, impulsados por un patrón de crecimiento indefinido, que resulta insostenible para el sistema biofísico que nos alberga. El modelo de producción y consumo, con algunas compañías transnacionales demostrando prácticas poco éticas y una ambición desmedida, junto a la falta de acción decidida de los gobiernos y el excesivo individualismo, constituyen la raíz de los principales problemas a los que nos enfrentamos.

La acción del hombre
Sin embargo, lo novedoso de los cambios globales biosféricos que se están produciendo en la actualidad, es que tienen a la especie humana como principal causa y que se están desarrollando a un ritmo tal que los tiempos de reacción se acortan, con las consiguientes dificultades para la necesaria adaptación de los sistemas naturales y humanos.

Energía y cambio climático
De entre los impactos que están provocando el deterioro de la biosfera, la cuestión que ha suscitado una mayor atención en el panorama internacional es la del calentamiento global, ligado al denominado Cambio Climático de origen antropogénico. Este protagonismo probablemente se deba a la constatación de sus primeros efectos, imprevisibles si no se contrarresta con urgencia, y a que las causas que lo originan están íntimamente ligadas al modelo energético mundial, aspecto clave a su vez en el modelo de desarrollo económico vigente.

La nuclear no es la solución
La apuesta a largo plazo por la energía nuclear tampoco parece ser la mejor de las soluciones. A los conocidos problemas que plantea en cuanto a su seguridad y a la gestión de sus residuos, se suman otras cuestiones no menos importantes, como son el alto coste de su implantación, la escasez de combustible y su incapacidad para sustituir al petróleo y sus derivados.

El agua
De entre los ciclos de elementos que se dan en el planeta, el del agua es sin duda el de mayor trascendencia, no sólo por su importancia cuantitativa, sino por la relevancia que ésta tiene en la regulación de otros elementos y en los principales procesos vitales (estabilización del clima, producción biótica, distribución espacial de las especies, depuración de la biosfera,…).

Agua y cambio climático
El Cambio Climático global es otra de las causas de afección al ciclo del agua, con la modificación de los regímenes de lluvia a escala regional y posibilidad de episodios extremos (inundaciones y sequías), el retroceso de los glaciares y disminución del hielo en los polos, las alteraciones de los procesos estacionales de deshielo, el incremento de la cobertura de nubes (modificación del albedo e intensificación del efecto invernadero), el aumento del nivel del mar, las alteraciones en la temperatura de las corrientes oceánicas, la afección a ciclos naturales de otros elementos,…

Contaminación
Uno de los aspectos que más ha caracterizado a la actividad humana desde la revolución industrial ha sido la producción e incorporación al medio ambiente de nuevas sustancias y compuestos de síntesis, algunos de ellos con un fin determinado (productos farmacéuticos, piensos, insecticidas, abonos,…) y otros como subproductos resultado de procesos productivos (radiación, residuos, gases de proceso,…) La contaminación atmosférica es uno de los ejemplos más conocidos. Sin embargo, la generación de otros subproductos gaseosos, sustancias químicas industriales, pesticidas,… no sólo afecta a la atmósfera; también incide en el agua y en la tierra, pudiéndose trasladar a través de las cadenas tróficas a los tejidos de los seres vivos.

Mercantilismo y biodiversidad
Una cuestión clave en relación con la pérdida de biodiversidad se refiere a la gestión mercantil que se hace de los servicios de los ecosistemas, que al reducir a precio el valor ecológico de los mismos desvirtúa su significado para la vida. Los vigentes mecanismos mercantilistas no hacen sino poner al servicio de quienes pueden pagarlos, recursos naturales que debieran utilizarse para el desarrollo de toda la Humanidad, sin exclusiones. Esta situación se traduce, para los países y grupos humanos más pobres, en la imposibilidad de tener acceso a tales servicios.

La urgencia
El denominador común de todos los informes (Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (2005) o Cuartas Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, Global Environmental Outlook-GEO4)), con independencia de los escenarios que proyectan, lo constituye la necesidad de abordar acciones urgentes por la sociedad en su conjunto, pero especialmente por parte de los gobiernos, dirigidas a revertir o, al menos, a minimizar estos impactos. En caso contrario, se corre el riesgo de entrar en una dinámica de irreversibilidad, con efectos no deseados de gran relevancia, que incidirán especialmente en los países en desarrollo pero que terminarán por afectar a toda la Humanidad. Según Naciones Unidas. ya casi no queda tiempo para prevenir los impactos más dramáticos, perjudiciales y peligrosos proyectados para las próximas décadas.

Nuevo escenario
Es necesario un nuevo escenario orientado a la reducción del impacto ambiental global, tomando en consideración la evolución demográfica y el modelo socioeconómico, energético, tecnológico y de consumo, sin olvidar que la intensidad del impacto ambiental inducido por los patrones de desarrollo vigentes está creciendo muy por encima del incremento de población; y ante la tentación de reeditar viejas recetas ya superadas, en ningún caso se debería renunciar a las aportaciones culturales que en cuestiones ambientales han aportado los grupos ecologistas y otros colectivos en las últimas décadas.

Sabemos qué hacer
A pesar de este panorama tan poco halagüeño, la Humanidad ha demostrado a lo largo de su Historia que es capaz de enfrentarse a circunstancias complejas, superando situaciones de sinrazón y desigualdad o adoptando grandes acuerdos en la búsqueda de una sociedad más justa. La capacidad de reacción, por tanto, existe y la necesidad de hacerlo se entiende cada día más imperiosa, por lo que no se debe caer en la desesperanza o el fatalismo, sino todo lo contrario. El difícil escenario que se nos proyecta ha de afrontarse como una nueva y gran oportunidad que se le presenta al ser humano para seguir avanzando hacia una sociedad más ecuánime y una relación más armónica con el planeta.

La receta
Renovar las claves y lógicas de fondo de la evolución humana sobre el planeta, siempre desde una visión integral de los sistemas y ciclos vitales que sostienen la evolución de la biosfera:
 principios de suficiencia (¿cuánto es necesario, cuánto posible y cuales son las prioridades?),
 de coherencia (actuemos adaptándonos a las disponibilidades energéticas y a los procesos naturales), de eficiencia (hagamos más con menos), de precaución (atención a los efectos inducidos y a los procesos de realimentación)... y todo ello en un marco de equidad social, global y local, que permita alimentar la cooperación general en tono a los nuevos marcos éticos, culturales, políticos y legales que necesitamos.

Liderazgo institucional
A nuestro modo de ver, los factores clave para abordar con garantía la imprescindible mitigación y adaptación al Cambio Global residen en el liderazgo institucional, en el conocimiento anticipativo, en poner en pié una nueva gobernanza para el cambio y en una profunda revisión de los modelos económicos orientada hacia un verdadero desarrollo sostenible, promoviendo cambios en las pautas de vida de los países y grupos humanos altamente consumidores y haciendo frente a prácticas de especulación económica y financiera que destruyen las bases de una economía puesta al servicio de las personas.

Ciudadanía activa
También es necesaria una fuerte, activa y bien informada ciudadanía que demande y apoye los cambios necesarios. Es a partir de la asunción real del problema, de sus causas y de sus incertidumbres, cuando se podrá plantear en toda su potencia los cambios estratégicos necesarios, las actuaciones de mitigación, el diseño de escenarios de adaptación, las nuevas soluciones tecnológicas, la reformulación de los actuales patrones de desarrollo… y exigir al conjunto de la sociedad (medios de comunicación, agentes económicos, representantes sociales, cuerpos jurídicos, personajes de la cultura,…) un compromiso definitivo y en plazo con el Cambio Global.

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